En las escaleras mecánicas del metro hay restos de carne pegada. Esquivo un trozo de maxilar aún fresco, y los demás usuarios hacen lo mismo detrás mío. Es increíble la velocidad con la que los seres humanos nos acostumbramos a las cosas.
Supongo que estaremos una década más en esta situación y luego resolverán el problema.
No se puede ir por ahí estallando en mil pedazos.

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